Alfonso Galván. Pinturas

Alfonso Galván. Pinturas

Alfonso Galván. La Magia de lo cotidiano

 

Sociedad Anónima ha elegido un artista diferente para inaugurar una galería diferente. Alfonso Galván es sobre todo un artista que ha sido siempre coherente con su pintura, con su vida, con su idea de realidad y con las prioridades que un hombre, que un artista debe definir para orientar su camino en su vida personal y profesional. Alfonso Galván es un pintor, un dibujante, que intenta redefinir la idea de realidad en sus trabajos. Se podría hablar de hiperrealismo, pero también de simbolismo, de realismo mágico; lo cierto es que la propia definición de realidad es algo que artísticamente cambia y se diversifica según las épocas, según los estilos, según los artistas. La realidad de Alfonso Galván siempre está relacionada con la naturaleza, con una etapa arcaica que limita con los sueños y con el origen del mundo, en el que el hombre es una figura frágil en lucha con el entorno y con los otros animales. Un lugar donde la naturaleza aparece como una inmensidad que lo abarca todo, con una profundidad que en sus dibujos se convierte casi en entomología.

No es Galván un desconocido en el mundo del arte español, sin embargo su propio karma le ha situado, hasta ahora, fuera del panorama mediático actual. Galván ha estado presente como actor y como espectador de la evolución del arte español en las últimas décadas; en aquellos años siguió creando al margen de intereses y coyunturas, volcado en su obra, en su proceso de reconstrucción de una realidad imposible, interesado en todo lo que le hace crecer y en construir una forma de vida coherente con su propio trabajo.

Ahora que nos planteamos como ha fallado un Mundo globalizante y sometido a espurios intereses repentinos, es el momento de volver a mirar la obra de Alfonso Galván, de leer en su obra el amor a la naturaleza, al hombre y a los múltiples elementos que conforman esa vida coherente y honesta con la que todos soñamos. Paradójicamente, las razones que apartaron a nuestro artista de un reconocimiento internacional se tornan hoy argumentos indiscutibles para su consagración definitiva.

En esta exposición, vemos como nuestro artista opta por una variedad de formatos y soportes que evidencian su libertad de acción; luego, respecto a los objetos, se tiene la impresión de que no han sido simplemente reproducidos para conformar una obra, sino que han sido cubiertos por el artista con un tenue velo que los eleva a  la inmortalidad. No en vano, ese es el camino que marca el Taoísmo. Así, alcanzamos a descubrir la gran belleza de cosas y lugares teóricamente desprovistos de ese aura estética con que Galván les dota sobre la tabla o el lienzo. Inoportunas torres eléctricas, denostadas islas de refinerías o árboles salvajemente arrancados adquieren una bella e inesperada dimensión plástica cuya explicación hay que buscarla en la filosofía y maneras con las que el artista viene haciendo frente a la vida desde hace décadas.

La primera sala  de nuestra exposición está presidida por dos grandes obras a lápiz y tinta sobre papel, en las que la influencia oriental es palpable como lo es también en las más difuminadas y pequeñas piezas del poético y pequeño bestiario de la izquierda. Al fondo, en el mirador bajo la luz de la calle, se exhibe una bella y contundente cabeza de mamut de madera y bronce que Galván ha recreado desde la caprichosa forma de unas raíces.

En la sala segunda, dedicada a pintura, la espiritualidad del artista se centra en los paisajes y objetos cotidianos que Galván idealiza y amalgama: El campo, la huerta con sus plantas y sus animales toman forma y color en unos increíbles óleos que le distancian sustancial y conceptualmente del grupo de pintores realistas de su generación. Entre ellos destaca el “Políptico del Perro”, su último trabajo: Una especie de mural infinito que continúa vivo en un desarrollo inacabado como lo es el proceso creativo de un artista que dedica su vida al estudio de sus ensoñaciones, al desarrollo de sus obsesiones, en definitiva, a continuar y prolongar un trabajo que se inició hace ya mucho tiempo. El silencio está muy cerca de la realidad, el silencio es lo que se respira en esta pintura, en sus paisajes voraces y a la vez magnéticos, en sus narraciones mitológicas a ras de suelo, en sus dibujos como suspiros. Es el momento de volver a mirar, de asomarse al enigma de un trabajo que es toda una vida.

Sociedad Anónima ha escogido a Galván para inaugurar y a este políptico para celebrar el renacimiento de un artista y de su arte. Un arte en el que la Vida y la Naturaleza adquieren todo el protagonismo que le habíamos hurtado desde un mundo envilecido y artificial. Creemos que estamos ante una obra paradigmática de una nueva forma de ser y de estar. Como tal la exhibimos.

 

Category

expos